Historia

 

 

 

En el término municipal de Cerollera encontramos vestigios prehistóricos. Se confirma la existencia de grupos semi-nómadas de cazadores recolectores que aprovechaban zonas abrigadas para sus talleres de invierno. Utilizaban una tecnología avanzada en la fabricación de útiles de sílex como prueban los restos hallados en el paraje de “Los Vilarets”.

Más tarde estos grupos se hacen sedentarios y levantan asentamientos rudimentarios estables con materiales del entorno en zonas altas desde donde controlan los movimientos de la caza, los puntos de agua y los caminos. Señales de ello las vemos en “La Solana l’Amagatall” y el “Pí del Sauc”.

Bellas muestras de la cultura megalítica en forma de cistas de enterramiento y campos de urnas se distribuyen por “El Plá”, “Les Valletes” y por la cresta occidental de la sierra de los Avezanos. Sabemos de la influencia de los colonos íberos sobre las tribus autóctonas por la presencia de cerámica encontrada en sus poblados.

Los primeros datos documentales sobre la formación de La Cerollera se remiten al proceso posterior a la Reconquista, cuando fue ocupado el territorio musulmán por las tropas cristianas del rey Alfonso II en 1169, aunque la primera vez que aparece implícitamente el nombre de La Cerollera es en la escritura de la donación real del castillo de Camarón, hoy ermita de Sta. Flora de Mas de las Matas, a los calatravos de Alcañiz en 1194. Más tarde, en 1209 el rey Pedro II concede a la misma orden el castillo de Monroyo con sus aldeas, una de ellas Cerollera para asentar población en esta zona de frontera.

A finales del siglo XIII Cerollera se nombra en la relación de aldeas pertenecientes a la Orden de Calatrava que aportan diezmos a la Iglesia para las Cruzadas al ser beneficiada por el camino real, que cruza por su término.

La población de La Cerollera fue aumentando lentamente con el paso de los años y así a mediados del siglo XVI se conocen censados 16 fuegos, unas 70 personas.

El hecho de que el pueblo de La Cerollera no dispusiera de Iglesia propia implicaba una cierta incomodidad, hasta que un cura llamado Juan Grau instó a la Orden de Calatrava y al comendador de Monroyo y Peñarroya para que instituyera una vicaría y construyese una iglesia, ya que la Orden era la receptora de los diezmos que pagaba la población. A consecuencia de ello el comendador concedió el dinero para la edificación de una sencilla iglesia y en 1545 el arzobispo de Zaragoza, D. Hernando de Aragón, instituyó la vicaría de Cerollera bajo la advocación de Ntra. Sra. del Remedio.

Entre los recursos económicos del siglo XVI podemos citar el aprovechamiento de la nieve, conservada en los tres pozos de hielo presentes en la localidad. Otro era la apicultura, que llegó a asociar más tarde a todos los abejeros en un ligallo regulador de esta actividad.

El siglo XVII constata el ascendente poder de las dos cofradías locales. La cofradía de la Madre de Dios del Rosario no tenía ninguna renta y se mantenía con las limosnas de los fieles, inviertiendo en ornamentos y luminaria del altar de la Virgen, además de misas cantadas. La cofradía del Santísimo Sacramento y San Cristóbal, aparte de su cometido religioso, representaba el poder local, sirviendo como un órgano independiente de las decisiones municipales sin el poder influyente de la villa de Monroyo.

En 1616 se concluyen las obras de la ermita de San Cristóbal de la que ya existen noticias hace tres siglos.

A principios del s. XVIII Cerollera apoya a los Borbones en la guerra de Sucesión contra los Austrias. Las fuertes desavenencias con la villa de Monroyo, partidarios de los Austrias, abren numerosos y gravosos pleitos, lo cual motivó a los vecinos de La Cerollera a iniciar en 1738 los trámites legales ante la Corte Real para su segregación de Monroyo. Así, se defiende la antigüedad del lugar desde la institución de la vicaría en 1545, la delimitación del territorio por el cual se pagan los impuestos a Monroyo y que lo plantean como propio, además de los fuertes impuestos con los que Monroyo gravó a los vecinos de La Cerollera desde la guerra de Sucesión. Todo ello se plantea para que la Corte de Felipe V recordase el apoyo que el lugar le concedió en la contienda, pudiendo facilitar así la segregación. Finalmente, el 12 de julio de 1742 Felipe V firma la segregación de Monroyo y concede a Cerollera el título de villa.

En 1734 La Cerollera decidió demoler el antiguo templo y edificar uno nuevo de estilo barroco, un edificio de planta rectangular con tres naves de igual altura, divididas por esbeltos pilares dobles. Su nave central y los brazos de la nave crucero se cubren con bóveda de cañón con lunetos. Sus retablos de madera fueron desmantelados y quemados en 1936. La construcción de este edificio se interrumpió a los dos años de su inicio y se retomó en 1759, finalizándose en 1767.

El 4 de junio de 1775 nació en La Cerollera Francisco Secanilla Grau, famoso músico y compositor. Tras ocupar desde 1797 la plaza de maestro de capilla de la colegiata de Alfaro (La Rioja), en el año 1800 accedió al magisterio de la catedral de Calahorra. En su amplio repertorio musical compuso numerosas piezas de carácter religioso. Falleció en Calahorra el 26 de diciembre de 1832.

En 1840 Cerollera sufre en las escaramuzas de la II Guerra Carlista la destrucción parcial de la ermita de San Cristóbal y la quema de los documentos de su cofradía. Víctor Pruneda, político republicano confinado unos meses en la localidad, nos narra en su diario sus vivencias en esta época.

En 1934 Cerollera vive momentos de agitación social con la implantación de los comités revolucionarios por las milicias anarquistas y el desarrollo de la colectivización de la tierra. Su fanatismo destruyó los archivos, que aún se conservaban y acabó con parte del rico patrimonio artístico. El paso del frente en marzo de 1938 dejó los pinares sembrados de cadáveres, de restos de metralla y de una feroz represión hacia los vencidos.

La posguerra en el pueblo y sus masías fue muy dura acentuada además por la actuación de las guerrillas maquis, opuestas a la dictadura franquista. La mañana del 8 de agosto de 1947 la Guardia Civil aplica su política de tierra quemada e incendia el pinar para desalojar a los guerrilleros maquis de sus campamentos. No alcanzó el éxito deseado pero esta acción contribuyó al progresivo abandono de las masías e inició el grave proceso de la emigración con el consiguiente envejecimiento de la población local.

A partir de 2006 se aprecia un repunte demográfico, en parte gracias a la inmigración de países latino–americanos y a los proyectos agropecuarios, en régimen cooperativo y otras actuaciones con fines turísticos dinamizadas por el Ayuntamiento.

Fuente:
“Boletín 2 del Bajo Aragón. Una visión histórica de La Cerollera, a través de su iglesia”
Fº Javier Bel Terrado – Manuel Casado López
ICBA

Pin It on Pinterest

Share This